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Fruto de plasmar mis experiencias viajeras por escrito, son los siguientes libros:
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Se pueden adquirir solicitándolos directamente a:
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| Tierra de Fuego |
128
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6 euros
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Que trata de mi primera vuelta al mundo, de 1001 días de duración, visitando 46 países de los cinco continentes contando con escasos medios económicos, en la cual experimenté un sinfín de vicisitudes que superé gracias a ciertas dosis de gallardía y "baraka". Tras atravesar toda Siberia en tren arribé a Japón, donde viví en un monasterio budista y me convertí en monje zen para aprender acerca de los misterios de la existencia. Luego navegué hacia Taiwán para estudiar chino mandarín. En Hong Kong me relacioné con una banda de contrabandistas de ginseng con los que volé dos veces a Corea, y, a continuación, con el dinero conseguido con ellos, viajé varios meses por toda China penetrando, disfrazado de uigur, en lugares prohibidos de Sinkiang, otrora escalas en la milenaria Ruta de la Seda. Después volé a Filipinas para conocer las islas musulmanas del sur en compañía de los gitanos marinos, o badjaos, y recorrer toda la isla de Borneo esquivando a los despiadados piratas joloanos. Finalmente, en la paradisíaca isla de Bali, me desempeñé de ajedrecista para poder financiar mis viajes por Australia, Nueva Zelanda, y varias islas de Oceanía.
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| Tierra de Fuego |
160
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9 euros
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Que trata de la conclusión de mi primera vuelta al mundo de 1001 días, recorriendo en
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| Dilema |
266
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12 euros
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Que trata de mis más osadas aventuras que me acontecieron por la mayoría de los países de Sudamérica durante diez meses, con apenas 300 dólares en el bolsillo. Luego de participar en el fabuloso carnaval de Río de Janeiro embarqué durante dos meses en gabarras y bergantines por el río Amazonas atravesando poblados de leprosos, afluentes plagados de pirañas, y aldeas de nativos sin contacto con el hombre blanco. Al llegar a Colombia fui deportado a Ecuador sufriendo por el camino percances con los guerrilleros de las FARC. En Perú me vi involucrado con narcotraficantes de pasta básica de coca en un poblado sin ley y, para salir indemne, debí aceptar un trabajo de pistolero que me propusieron protegiendo a una docena de mozas de vida alegre en una casa de lenocinio en medio de la selva. Dos meses más tarde me desempeñé de buscador de oro en Madre de Dios, en los lindes de la legendaria Paititi, evitando ser capturado por los indígenas jíbaros. Y recorrí toda Sudamérica en autostop hasta Tierra del Fuego, para caer enfermo en la Patagonia chilena. Posteriormente fui detenido en Paraguay y encerrado una temporada en un presidio inmundo por penetrar en el país por una frontera fluvial prohibida. Una vez liberado dormí a los pies de las cataratas de Iguazú, y poco después, tras numerosas cuitas, llegué en autostop a Buenos Aires, donde me las ingenié para obtener gratuitamente un pasaje de avión de retorno a España.
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| Plaza y Janés |
234
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9 euros
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Que trata de las más peligrosas tribulaciones que me hayan acontecido hasta entonces en mis viajes. Luego de presenciar las danzas derviches de Konya, crucé a pie las cumbres de Kafiristán para acceder al frente de guerra de Afganistán, donde vi temblar la tierra a mi alrededor al ser bombardeado por aviones rusos. En la India participé en el festival religioso del Kumbha Mela de la ciudad de Allahabad, donde un maestro yogi me tomó a su cargo como su "chellah", o aprendiz, asignándome un nombre hindú. Más tarde descendí a Sri Lanka para vivir de cerca el conflicto armado entre tamiles y singaleses. Después de visitar los numerosos ashrams de las principales sectas indias para aprender sobre los enigmas de la religión, me interné en el Tíbet a través del prohibido Reino de Mustang con la intención de peregrinar al sagrado Monte Kailas, pero fui capturado por las autoridades chinas y deportado a Nepal. De regreso en la India realicé varios trekkings por el Himalaya y conviví una temporada con los gurús en las cuevas a orillas del Ganges. Finalmente, tras muchas más vicisitudes, fui encarcelado por "espía" en una prisión de máxima seguridad de Kabul sin apenas alimentos, donde se me juzgó y condenó a 5 años de privación de libertad, mas, gracias a la intercesión del Gobierno español, se me rebajó la pena a 101 días. Al cabo de un año de desventuras y con la piel en los huesos, fui repatriado a España por medio de un avión ruso.
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| Plaza y Janés |
212
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9 euros
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Que trata de una vuelta al mundo, de un año de duración, escalando en 30 islas de los Mares del Sur en las que compartí con los nativos de las tribus sus costumbres fantásticas e inverosímiles, como son la adoración de tiburones, el no reír, o el utilizar enormes monedas de piedra para las transacciones, tales como comprar mujeres o tierras. Después de recorrer las islas principales de la Micronesia donde capturaba cangrejos para mi manutención, desentrañé en la isla de Pohnpei el secreto de las construcciones megalíticas de Nan Madol, y más tarde trabajé de Santa Claus en Honolulu repartiendo golosinas a los niños para poder adquirir un "airpass" a los principales archipiélagos de la Polinesia y la Melanesia. En las Islas Salomón erigí un monumento al navegante español Don Álvaro de Mendaña, pero, al querer volar a Alaska desde Nueva Guinea, fui expulsado de la isla papúa de Bougainville, por lo que hube de retroceder a Guam, vía Kiribati y Nauru. Intenté en vano conseguir un buen trabajo en las fábricas de salmón de Anchorage, hasta que desistí, y por un error de las azafatas de mi vuelo fui depositado en las Islas Caimán, desde donde alcancé como pude Nueva York y volé de vuelta a España.
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| Tierra de Fuego |
224
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9 euros
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Que trata de un viaje de 8 meses de duración, en vertical y en horizontal, a 25 países de África "a lo africano", por tierra, utilizando únicamente medios locales, tales como camellos, naos por los ríos, camiones, trenes, etc., pero jamás el avión. Al disponer de apenas 1.500 dólares como todo capital, hube de buscar alojamiento gratuito en escuelas que dejaban por la noche las ventanas abiertas, y regatear para comprar comida en los mercadillos indígenas, o bien trepar a los cocoteros y palmeras para alcanzar sus frutos. En el Zaire del dictador Mobutu tuve que pintarme la cara con betún para aparentar ser un negro, y así burlar un control policial nocturno donde robaban a los blancos. Al navegar en un dhow mozambiqueño sufrí lo indecible al introducirse en mi oído izquierdo unos insectos que me devoraron el tímpano, y en el Chad fui humillado, vilipendiado, y despojado de parte de mis pertenencias por los militares corruptos. En Etiopía investigué el paradero del Arca de la Alianza, y en el antiguo sultanato de Darfur, al oeste de Sudán, viajé en camiones por zonas prohibidas, lo que a punto estuvo de costarme la expulsión a Eritrea. Y tras muchos más infortunios que me llenaron de consternación, un gentil capitán de un bajel pescador logró rescatarme subrepticiamente de Mauritania, donde me encontraba sin dinero y controlado por los agentes fronterizos, para depositarme diez días más tarde, sano y salvo, en las Islas Canarias.
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| Obelisco |
224
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11 euros
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Que trata de un azaroso viaje de 101 días en un crudo invierno a las 15 repúblicas que formaban la extinta Unión Soviética en unos tiempos de tensiones nacionalistas, terrorismo y mafias. Fui abordado por granujas y bellacos con intenciones viles en Minsk y Kiev, robado por las autoridades de Georgia y Bakú, y amenazado en Samarkanda antes de introducirme furtivamente en la belicosa Tadjikistán. Pero, en compensación, navegué embelesado por el Mar Caspio y avisté las relucientes crestas de las montañas kirgises del Pamir; oteé ensimismado el Mar Negro desde la prohibida Sevastopol, el encantador lago Issyk-Kul, y recorrí ciudadelas míticas a lo largo del desierto de Karakum donde vivieron en el pasado los hermanos Polo. En la capital de Siberia visité a mi querida hija rusa y poco después tomé el tren transiberiano hasta San Petersburgo, desde donde volé al enclave báltico de Kaliningrado para regresar a España en autostop, a través de la ruta cátara del sur de Francia, sin un rublo en el bolsillo.
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| Dilema |
196
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12 euros
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Que trata de una nueva vuelta al mundo, "al revés", de Occidente a Oriente, escalando en aquellas islas y países más inescrutables y recónditos del planeta para descubrir lugares insólitos, como son las islas del presidio de Papillon en las Guayanas, las islas Galápagos en Ecuador, las tribus caníbales del río Sepik de Papúa-Nueva Guinea, los atolones moribundos de Tuvalu, la "portuguesa" Timor oriental, la "impenetrable" Corea del Norte, etc. Durante ocho meses visité lugares espectaculares que se dirían sacados de la lámpara de Aladino, tales como el esplendoroso templo de Angor Watt en Camboya, las enigmáticas líneas de Nazca, las exóticas y originales construcciones del lago Toba en la isla de Sumatra, … y un largo etcétera. Y conocí a personajes singulares, como el aventurero Kitín Muñoz con su embarcación de totora "Mata Rangi" semanas antes de naufragar en la Polinesia, un mercenario australiano que acababa de intentar derrocar un movimiento rebelde en la isla secesionista de Bougainville y pasaba largas temporadas en la isla de Pascua para "redimirse", un sexagenario profesor polaco que recorría la Tierra durante varios años seguidos, un belga comunista con extraordinario parecido físico a Tintín que emulaba sus lances, y una pléyade más de personas que habían escogido en sus vidas el Camino del Viajero.
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| Dilema |
200
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10 euros
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Que trata de un peregrinaje a pie que emprendí desde Jaca a Santiago de Compostela en el invierno del 2003. Durante veintiún días me saturé de tantas impresiones que transformaron mi mundo interior. Conocí a hospitaleros altruistas que se desvivieron por ayudarme, a compañeros del Camino sensibles buscando el significado de la existencia, a monjes bondadosos en monasterios milenarios, a gentes sencillas de espíritu puro, y visité catedrales e iglesias románicas maravillosas cuyos cantos gregorianos me hicieron saltar las lágrimas. La magia del Camino se me manifestaba a diario en todas las cosas a mi alrededor, en la naturaleza exuberante, en los cantos de los pájaros, en el murmullo del viento…
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| Dilema | 262 | 13 euros |
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Que trata de siete viajes cortos, de dos a cinco meses de duración, que efectué entre
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| Dilema | 264 | 14 euros |
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Que trata de siete pequeños viajes a islas de difícil acceso de los siete continentes. En el primero viajé a islas de Asia como Christmas, Cocos, Hainan, Lakshadweep, Andamán, y aún otras, antes de visitar el ashram de Yogi Shanti, un viejo amigo de la ciudad india de Haridwar que pretende someterse en el año 2010 a un experimento único para comprender mejor la naturaleza humana y sus posibilidades. En el segundo me embarqué hacia las islas de África en medio del Océano Atlántico, como Ascensión y Santa Elena en la última derrota del mítico buque correo perteneciente a la Corona Británica "SAINT HELENA". En el tercero accedí a las ignotas islas de América del Sur como Fernando de Noronha y San Andrés. Durante el cuarto recorrí islas europeas ignoradas, como la Soberana Isla de Lundy, Sark o el último territorio feudal de Europa, Helgoland o la isla que los alemanes trocaron a los ingleses por Zanzíbar, etc. El quinto me llevó a las Terres Australes Françaises, en la Antártida, donde conocí en el buque "MARION DUFRESNE" las islas de Kerguelen, Crozet, Saint Paul y Ámsterdam. En el sexto exploré las islas de Rusia Asiática, como Sajalín, conocida como Karafuto por los japoneses, y la "prohibida" de Iturup, llamada en japonés Etorofu-to, en las Kuriles, o Chishima-retto para los japoneses, tras obtener, de manera rocambolesca, un permiso para embarcar en un buque terriblemente balanceante en el mes de Diciembre del 2005. Y en el séptimo recorrí a bordo del crucero MAXIM GORKI parte del Océano Pacífico, desde Callao hasta Tahití, en la Polinesia Francesa, escalando con mucha fortuna en el "Santo Grial" de los viajeros: la isla de Pitcairn (la de los amotinados del Bounty), en un atolón de las Tuamotú y en varias islas de la Sociedad.
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| (previsto 2009) | . |
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Que tratará de siete nuevos viajes a lugares insospechados, prohibidos algunos, y prácticamente impenetrables, como la Isla de Tristán de Cunha; las emergentes y peligrosas pequeñas repúblicas del Cáucaso, como Chechenia, Abkhazia, Ossetia del Sur, Nagorno Karabaj, Najichevan, etc.; las Siete Hermanas, o los siete estados indios conflictivos rodeados por Bangladesh, Myanmar, Bhután y Tibet: Meghalaya, Assam, Tripura, Nagaland, Manipur, Mizoram y Arunachal Pradesh: una cuarta vuelta al mundo escalando en Niue, Tokelau y otras islas ignotas de Oceanía; los Polos Norte y Sur Geográficos... Si, de acuerdo a antiguos mitos, la vida del hombre pasa a través de cinco etapas, mi primer viaje por Europa a los 18 años significó la del HUÉRFANO. Durante mi vuelta al mundo de 1001 días superé la del INOCENTE. Los viajes a Sudamérica, a la India, alrededor de África más dos vueltas al mundo representaron la del GUERRERO. Los numerosos pequeños viajes hasta culminar con estos siete viajes arriba mencionados encarnarán la etapa del VAGABUNDO. Y, finalmente, confío poder un día aspirar a iniciar la etapa del MAGO.
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| (previsto 2010) | . |
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Que tratará sobre una larga vida dedicada íntegramente a los viajes, de manera irresistible e irrevocable. Explicaré qué es lo que motiva a una persona joven, aparentemente normal, a dejarlo todo para partir en pos de aventuras y nunca jamás, ni en sueños, reincorporarse a una vida convencional en un trabajo de 9 a 6. Érase una vez un pequeño planeta llamado Tierra. Era bello. Gracias a su privilegiada posición con respecto a una modesta estrella que lo nutría, denominada sol y situada en las afueras de una gran Galaxia, poseía atmósfera y agua y por ello desarrolló numerosas formas de vida entre las que sobresalía la de los humanos, que gozaban de un cerebro más perfeccionado que las demás. Entre esos humanos había unos ejemplares muy originales que, al contrario de sus semejantes, no paraban largo tiempo quietos en un mismo lugar; tan pronto se les veía internándose en espesas junglas como más tarde navegaban por entre minúsculas islas en las antípodas en unos ingeniosos trebejos de madera y telas que habían inventado, ascendían afanosamente a los picos de las montañas más elevadas o bien se encaramaban en lo alto de unos seres terráqueos con cuatro patas y jorobas en su espinazo, a los que habían domesticado y llamaban camellos, y recorrían durante largo tiempo una zona de su mundo muy arenosa donde apenas había vegetación ni agua. Les llamaban viajeros y no les interesaba otra cosa en su corta vida que vagar sin cesar alrededor de su diminuto planeta para conocer todos sus vericuetos con la esperanza de aprender y descubrir el por qué de su existencia en el Universo. ... (Y a partir de aquí escribiré en primera persona en estilo naif, y lo firmaré con el seudónimo de El Derviche Veloz). |