Viajeros Celtíberos ignorados 

  

                                                                          VIAJEROS CELTÍBEROS IGNORADOS

 

 Viajando alrededor del mundo me he encontrado con numerosos monumentos en forma de bustos y placas dedicados a viajeros europeos, especialmente de Inglaterra y de Francia.
Ingleses y franceses se enorgullecen, con toda la razón del mundo, de su Capitán Cook, de Livingstone y de Stanley, de Bougainville, de La Pérouse... y de algunos más (no muchos más, la verdad sea dicha), a los cuales dan mucho bombo.
Sin embargo, varios siglos antes que esos europeos, viajeros de origen celtíbero, tanto españoles como portugueses, ya habían estado en la mayoría de los lugares pretendidos por esos exploradores posteriores, y me daba rabia la “usurpación” de la historia de esos hallazgos a sus verdaderos descubridores.

Celtíberos fueron los primeros europeos que se admiraron ante los templos de Angkor Wat, de las Islas Hawaii, de las Cataratas Victoria, de las Fuentes del Nilo Azul y Blanco, del Cañón del Colorado, de las Cataratas del Iguazú... y de un largo etcétera.
Aun hoy en día muchas islas en los océanos Atlántico e Índico continúan siendo conocidas por los nombres portugueses de Mascarenhas, Tristan da Cunha, Ascensión y Santa Elena, Juan da Nova, Diego García, Cargados Carajos, Fernando de Noronha, Almirante, Rodrigues... Otras han sido cambiadas de nombre por los europeos que las conquistarían después a los portugueses.
En cuanto a los españoles, que llegaron a descubrir el noventa por ciento de los archipiélagos del Océano Pacífico y bautizaron más de 200 accidentes geográficos de Alaska con nombres españoles, que fueron los primeros en viajar a tres continentes (Cristóbal Colón a América, Núñez de Balboa vio los Mares del Sur u Océano Pacífico, Magallanes viajó a Oceanía, Juan Sebastián Elcano a la isla Ámsterdam en Terres Australes et Antartiques Françaises, y Gabriel de Castilla a la Península Antártica), apenas en la actualidad quedan unos pocos lugares en Oceanía que recuerden la pionera presencia española: Islas Marianas, Islas Carolinas, Marquesas, Salomón, Glaciar Malaspina, Estrecho de Torres...

El Gobierno Portugués es más cuidadoso y agradecido para con sus descubridores, que el Gobierno de España. Los portugueses dedican a sus exploradores "pedrãos" en muchos lugares de África, erigieron el Monumento a los Descubrimientos en el barrio lisboeta de Belem para honrar a Enrique el Navegante y los marineros posteriores, y hasta albergan las bellas tumbas de mármol de su poeta Luis Camões, que fue un gran viajero por Asia y el autor de Os Lusíadas, y de Vasco da Gama, en el Monasterio de San Jerónimo. Es ello lo que me ha animado a detallar una breve biografía de algunos viajeros celtíberos (los menos conocidos) que están siendo injustamente ignorados.
Poco a poco iré incrementando la lista, a medida que viaje a lugares que ellos visitaron e investigue un poco más acerca de la presencia celtíbera en el mundo.

                                                                                                       

                                                                   

                                       Monumento a los portugueses que buscaron al Preste Juan (Port Elizabeth)

 

BENJAMÍN DE TUDELA fue un judío sefardí que nació en Navarra, como su apellido infiere, en 1130, y a sus 29 años partió hacia Oriente, aunque su finalidad no está clara; algunas fuentes afirman que comerciaba con piedras preciosas y coral, mientras que los israelitas (quienes le han compuesto una canción infantil y lo conocen por su nombre en hebreo de Rabbi ben Jonah) lo consideran un rabino que viajaba para localizar las Diez Tribus Perdidas de Israel.
Benjamín hablaba varias lenguas, como el arameo, el griego, el latín, el hebreo y el árabe, además de poseer una formación de historiador.
Su viaje se inició en Tudela y descendió por el Río Ebro a Zaragoza, Tortosa y Barcelona, subiendo a la Provenza. En Marsella se embarcó a Génova y posteriormente a Roma y Salerno, a continuación escaló en la Isla de Corfú y arribó a Constantinopla. Luego prosiguió a Chipre y alcanzó Próximo Oriente deteniéndose en Tierra Santa, Alepo, Damasco, Ammán, Bagdad, Basra, Hamadán, y circunnavegó Arabia. Se especula si, además, visitó la India, Ceilán y China por la descripción minuciosa que hace de las juderías en esos países. Regresó a España por mar vía Egipto y Sicilia.
Escribió un libro sobre sus aproximadamente 10 años de viaje (las fuentes oscilan entre un mínimo de 5 y un máximo de 14 años “on the road”) titulado Séller Maasaot (Libro de Viajes). Murió en España, en 1173.

       

           Pintura de Benjamín de Tudela                                        Mapa mostrando el viaje de Benjamín de Tudela 

 

RUY GONZÁLEZ DE CLAVIJO nació en Madrid a mediados del siglo XIV (cuando Madrid no era aun la capital de España), y sirvió de camarero al Rey de Castilla Enrique III (El Doliente).
Deseando establecer una alianza con Tamerlán para contrarrestar la amenaza turca, Enrique III despachó a Samarkanda a Ruy González de Clavijo junto a Mohamed Alcagi, consejero que a su vez le había enviado Tamerlán con multitud de regalos. Les acompañaban varios cortesanos cargados de dádivas, más un fraile.
La expedición zarpó en 1403 de la ciudad andaluza de Santa María. De allí escalaron en Rodas y Constantinopla, llegando a Trebisonda, para proseguir por tierra a Tabriz, Teherán y, vía Termez, llegar por fin a Samarkanda.
Tamerlán moriría pocos meses más tarde, por lo que la Embajada emprendió el regreso vía Bukhara, Merv y Persia, arribando a España en 1406.
La embajada, aunque infructuosa desde el punto de vista diplomático, significó una gran proeza viajera.
Ruy González de Clavijo escribiría poco después su libro “Embajada a Tamerlán” y moriría en 1412, siendo enterrado en la Iglesia madrileña de San Francisco el Grande.
Hoy en día, cuando caminas por las calles de Samarkanda, es frecuente que los niños se dirijan a los extranjeros de aspecto europeo con las palabras: “Clavijo, Clavijo...”.

         

  Dibujo que representa a Ruy González de Clavijo                   El viaje de ida y vuelta de Clavijo a Samarkanda

              

Libro de Ruy González de Clavijo que guardo en mi casa. Avenida Ruy González de Clavijo, en Samarkanda (lamentablemente, en España no tiene ni siquiera un callejón). La foto fue tomada por el viajero portugués João Leitão.

 

TRISTÁN DA CUNHA, nació en Lisboa en 1460.  Poco se sabe de su vida hasta 1505, cuando se le nombra virrey de la India, pero debido a una ceguera no pudo ocupar su puesto. Un año más tarde Tristán, también llamado Tristão, recuperó la visión y se embarcó hacia el Océano Índico en calidad de comandante de una flotilla de dieciséis naves. A bordo iba el que sería el artífice del Imperio Portugués en Oriente, Alfonso de Alburquerque.
Durante el viaje descubrió unas islas que por un tiempo se denominaron “Ilhas que achou Tristan da Cunha”, pero posteriormente sólo a la más grande de ellas se le llamaría Tristan da Cunha que, según el libro Guinness de los récords, es la isla habitada más remota del mundo.
Durante ese viaje, Tristán reconocería Madagascar, visitaría la isla de Mozambique y conquistaría la isla de Socotra a los musulmanes.
Uno de los capitanes de sus barcos era el gallego JOÃO DE NOVA (nativo de Castillo de Maceda, Orense, y que moriría en Cochín, India, 3 años más tarde), que pocos años atrás había descubierto las islas de Ascensión y Santa Elena por cuenta de Portugal.
Pocos años después de su regreso de la India a Portugal, cargado de especias, se le envió como Embajador ante el Papa León X para rendirle tributo por las recientes conquistas de Portugal y llevarle los suntuosos regalos del rey portugués Manuel I, en los que se incluían, aparte de joyas, un elefante, un rinoceronte y otros animales exóticos para la época en Europa.
Posteriormente sería nombrado miembro del Consejo de la Monarquía Portuguesa y moriría en 1540. Su hijo, Nuno da Cunha, llegaría a ser Virrey de las posesiones portuguesas en la India.

                  

Sello conmemorativo que compré en Tristan da Cunha        Moneda que compré en Santa Elena mostrando João da Nova

 

FRANCISCO JAVIER nació en 1506 en un pueblo de Navarra. Estudió en la Universidad de París, donde conoció al asceta español Ignacio de Loyola, a quien se unió para formar la Compañía de Jesús, lo que le llevaría a convertirse en misionero.
Realizó cuatro viajes a Oriente, siempre por cuenta de Portugal. El primero, en 1541, lo llevó a Goa, Sur de India y Ceilán, donde gracias a su bondad convirtió al cristianismo a muchísimos miles de personas. En el segundo, vía Malaca, navegó a las Islas de Indonesia, en especial a las Molucas, fundando numerosas comunidades cristianas. En el tercero alcanzó Kagoshima, en Japón, donde aprendió el japonés. Tras varios años regresó a Goa para emprender su cuarto viaje, esta vez a China, que en aquellos tiempos era un país cerrado a los extranjeros. En 1552, tras 11 años de viajar por los países asiáticos, alcanzó una isla china, hoy llamada Shangchuan, al sur de Macau, a apenas 20 kilómetros de la costa de la provincia china de Guangdong, que era un lugar de contrabando entre comerciantes portugueses y chinos. Allí, en una choza a la orilla de la playa, se moriría de pulmonía, sin haber cumplido su objetivo de cruzar al continente. Su cuerpo fue trasladado a la Basílica de Bom Jesús, en Goa, pero al observarse que era incorrupto, fue desmembrado por fieles fanáticos y hoy solo se encuentran algunos restos originales de su cadáver.

        

Pintura representando la muerte de Francisco Javier en China     Mapa mostrando los cuatro viajes de Francisco Javier

 

FERNÃO MENDES PINTO nació en 1510 en Montemor-o-Velho, distrito de Coimbra, Portugal, y fue un viajero extraordinario que en Abisinia se encontró con la madre del Preste Juan, aunque sus más prodigiosas aventuras le acontecieron en Asia: naufragó en las costas de Japón en la primera expedición portuguesa de 1542, viajó a Mongolia y fue capturado por los tártaros, pero escapó y subió por el río Brahmaputra al Tibet, Fue comerciante en Malaca, y con el dinero ganado ayudó en la construcción de una iglesia para su amigo Francisco Javier, a quien acompañó a Japón. Estuvo en las Islas Célebes, en Siam y en Arabia. Un día le entró una crisis mística y distribuyó todos sus cruzados entre los pobres. Se hizo jesuita, pero dejó la orden cuando en su viaje de Goa a Japón se encontró con el cuerpo muerto de su amigo Francisco Javier. Durante 21 años, de 1537 a 1558, Fernão se desempeñó de soldado, pirata, negociante, médico de un rey de China, vagabundo, misionero, y embajador. Fue rico, miserable, y bufón de corte. En sus fabulosas aventuras tuvo que besar los pies de los asesinos que intentaban matarlo para implorar su perdón. Rogó por su vida muchas veces, tembló, lloró, fue cautivo trece veces y vendido como esclavo en diecisiete ocasiones. Regresó definitivamente a Portugal en 1558 y se casó con una mujer 30 años más joven que él que le dio hijos.
En 1578 escribió para sus hijos un libro sobre sus aventuras, que tituló Peregrinação. Murió en 1583 rodeado de amor hogareño.

                         

                       Monumento a Fernão Mendes Pinto en Portugal                 Libro de Fernão, que compré en Oporto

 

BERNARDO DE LA TORRE zarpó en 1542 desde México al Pacífico en la expedición del malagueño Ruy López de Villalobos (otro de los grandes exploradores de Oceanía), junto a cuatrocientos marinos, entre los que se hallaba Juan de Gaetano (el descubridor del archipiélago de Hawai en 1542, no en 1555 como algunos historiadores sostienen), por orden del Virrey de Nueva España (actual México) Don Antonio Hurtado de Mendoza, para explorar los Mares del Sur (Océano Pacífico).
Cuando, en 1543, a bordo de la nave San Juan de Letrán, Bernardo intentaba encontrar la derrota para regresar de Manila a Acapulco, el llamado tornaviaje (que finalmente descubrirían simultáneamente, cada uno por su cuenta, el monje agustino Andrés de Urdaneta y Alonso de Arellano, siguiendo la Corriente de Kuro-Shivo) para llevar noticias a Nueva España sobre sus hallazgos, avistó varias islas que hoy pertenecen a Japón, como Parece Vela, también conocida por Okino Tori-Shima (y que años más tarde también sería avistada por Miguel López de Legazpi), Marcus o Minamitori-Shima (cuyo descubrimiento también se atribuye al español Andrés de Arriola, en 1694, cuando navegaba desde Filipinas a Acapulco en el legendario Galeón de Manila), además de varias de las Islas Arzobispales (o Islas Bonin), que los japoneses conocen por Ogasawara Gunto, como Chicha Shima, a la que Bernardo bautizó Farfama.
Hoy sabemos acerca de estos fantásticos viajes gracias a que Juan de Gaetano publicó en 1546 una crónica titulada “Viaje a las Islas del Poniente”, en la que relaciona los descubrimientos efectuados por Ruy López de Villalobos (que fallecería de fiebres en la Isla de Ambón, recibiendo la extremaunción de manos del propio Francisco Javier), y sus hombres.

 

Parece Vela, u Okino Tori-Shima en japonés, atolón descubierto por Bernardo de la Torre


 

ÁLVARO DE MENDAÑA nació en 1541 en el pueblo leonés de Congosto (aunque durante mucho tiempo se creyó que era gallego).
Su tío, que cumplía temporalmente las funciones de Virrey del Perú, le encomendó surcar el Océano Pacífico con dos naves a la búsqueda de unas islas que, según leyendas incas, eran ricas en oro y que identificaba con las míticas islas de Ofir y Tarsis, donde Salomón obtuvo el oro para erigir su templo en Jerusalén.
Mendaña arribó en 1568 a una isla de las Salomón que bautizó Guadalcanal, como el pueblo sevillano donde había nacido su maestre de campo, y durante 6 meses se ocupó de explorar unas veinte islas de ese archipiélago, regresando a Perú. El viaje le tomó 2 años.
Su segunda expedición, esta vez a la búsqueda de Terra Australis, la emprendió en 1595 con cuatro naves y le acompañaba su esposa Isabel de Barreto, pero en el archipiélago de Santa Cruz encontró la muerte. Isabel se hizo cargo de la expedición, que capitaneó el piloto portugués Pedro Fernández de Quirós.
En el transcurso de sus dos viajes Mendaña descubrió, no solo las Islas Salomón, sino también las Marquesas, Niue, varias del archipiélago de las Cook, de Tuvalu, Wake, y numerosas más de la Polinesia, Melanesia y Micronesia.

En 1991 viajé por dos meses por numerosas islas del archipiélago de las Salomón, cuando me enteré de la historia de Don Álvaro de Mendaña, que todos los nativos respetan, y en un momento de arrebato de solidaridad con los viajeros celtíberos del pasado, empleé parte del dinero que había ganado trabajando de obrero en Honolulu para comprarle un monumento.
En un taller de artesanía de Honiara encargué una placa de madera noble recubierta de cobre, de 80 por 50 centímetros, con el mapa de las Islas Salomón grabado en el centro, el dibujo de la cabeza de Mendaña a relieve más una frase en su memoria, compré varios sacos de cemento y me embarqué durante dos días en un bergantín hacia la Bahía Graciosa, junto a la población de Lata, en la Isla de Nendo, la capital del archipiélago de Santa Cruz, donde Mendaña y cuarenta y seis tripulantes de su expedición habían perecido en 1595 debido a la malaria, y gracias a la colaboración de las autoridades locales y de un párroco irlandés, le erigí un monumento.

                    

         La placa que erigí a Mendaña en las Islas Santa Cruz. Estoy exultante. Soy el que luce la camisa de flores

                        

                         Los dos viajes de Don Álvaro de Mendaña

 

JUAN POBRE DE ZAMORA merece mención especial entre los viajeros celtíberos del pasado, pues ha sido el primer “backpacker” en dar la vuelta al mundo en solitario, con lo puesto, con una mano por delante y otra por detrás.
Fue soldado de los Tercios de Flandes y náufrago en las costas del Japón, calidad que le salvó la vida, pues en esos tiempos (siglos XVI y XVII) los japoneses mataban a todos los extranjeros que alcanzaban sus costas, sobre todos a los cristianos, a los que cortaban primero una oreja mostrándolos burlonamente por las ciudades japonesas, y luego los crucificaban, como los Romanos.
Juan viajó varias veces en el legendario Galeón de Manila surcando el Océano Pacífico, y en cierta ocasión los portugueses lo encarcelaron en Macau. También atravesó México a pie, de costa atlántica a costa pacifica, y naufragó por segunda vez con el Galeón de Manila, esta vez en la isla de Rota, en las  Marianas.
En Guam, en el año 1602, escribió un libro titulado “Historia de la pérdida y descubrimiento del galeón San Felipe”, donde elogia la forma de vida de los Chamorros y describe sus costumbres.
Finalmente, tras muchos años de vicisitudes, regresó a España a pie vía la India, Persia, Asia Menor, etc. En Babilonia le robaron el diario de viajes que, afortunadamente, recuperaría Roma años mas tarde. Acabó su ajetreada vida en el monasterio de San Bernardino, Madrid, en 1615 (luego, en 1834, fue convertido en un Hospicio para pobres, y hoy ya ha desaparecido).

                

El libro de Juan Pobre de Zamora          Juan naufragó dos veces en un Galeón de Manila como éste

  

DUARTE LOPES fue un comerciante portugués que durante varios años negoció con los nativos de los países que hoy constituyen los dos “Congos”, Angola, Rwanda, Burundi y Uganda, trocándoles sus metales y piedras preciosas por botellas de vinho verde, espejitos de colores y todo tipo de abalorios de pacotilla portugueses.
Sin embargo, fue muy diplomático y cordial estableciendo relaciones humanas con los nativos (a diferencia de Henry Morton Stanley, el infaustamente célebre explorador galés, nacionalizado primero estadounidense y posteriormente inglés, quien, bajo el patrocinio del Rey Leopoldo II de Bélgica para explorar el Congo, disparaba cruelmente a cuanto nativo le parecía peligroso cometiendo innumerables crímenes contra los africanos).
Duarte Lopes fue el primer europeo que alcanzó las fuentes del Nilo Blanco (las fuentes del Nilo Azul las descubrió el español Pedro Páez), hecho que se suele ignorar, así como el descubrimiento (para un europeo) de las Cataratas Victoria, que los ingleses atribuyen erróneamente al misionero y explorador escocés David Livingstone, cuando el Padre Silveira, portugués, ya las había descrito un siglo antes que él por la información que poseía de otros portugueses anteriores que las habían visto en el río Zambeze, que conocían en portugués por Cuama. Y mucho antes, los nativos africanos, los primeros humanos que las admiraron, conocían las Cataratas Victoria por Mosi-Oa-Tunya, que en la lengua africana local viene a significar algo así como “El humo que truena”.

Duarte conoció a un escritor italiano, Filippo Pigafetta, a quien le confió la información que había ido recogiendo durante sus viajes por África Central acerca de los nativos, sus costumbres, el execrable comercio de esclavos, la flora y la fauna, la presencia portuguesa, tanto militar como religiosa y comercial en la zona, la topografía, etc., así como un mapa que dibujó en 1578 detallando los lagos de Victoria, Tanganica (“descubrimientos” atribuidos a John Speke y Richard Burton) y Nyassa (hoy conocido por Lago Malawi, cuyo “descubrimiento” se le atribuye a Livingstone). Al libro, publicado en 1591, se le tituló “Relaçaõ do Reino de Congo e das terras circumvizinhas” (en francés se tituló “La description du Royaume de Congo et les contrées environnantes”), y sus catorce capítulos, llenos de ilustraciones, constituyen la primera descripción completa y detallada de las regiones de esa parte del mundo.

                                 

                        Portada en francés del libro de Duarte Lopes 

 

GABRIEL DE CASTILLA. Gabriel nació en Palencia en 1577, y era descendiente directo del rey Pedro I de Castilla, el Cruel, y su tercera esposa. Fue capitán de artillería hasta que lo destinaron al Perú, donde ascendería a Almirante.
Se cuidó bien de barrer los dominios españoles de piratas, que asolaban las costas de la Sudamérica Pacífica. Fue persiguiendo a unos bucaneros holandeses que avistó las islas Shetland del Sur, y en 1603, durante una de sus expediciones, por orden del Virrey de Perú Luis de Velasco, que zarpó de Valparaíso, navegó con sus tres barcos más allá del paralelo 64, hasta donde se halla la Península de Antártida, que divisó, algo que nadie hasta entonces había logrado.
Una de las bases españolas en la Antártida, asentada sobre la isla de la Decepción, lleva el nombre de Gabriel de Castilla, en honor a haber descubierto la Antártida.

 

El rey Juan Carlos I se pela de frío en la base española Gabriel de Castilla

 

PERÕ DA COVILHÃ nació en 1460 en Covilha, distrito de Beira, Portugal. Por su dominio del árabe (además del español) el Rey portugués Joaõ II le envió en 1487, junto a Afonso de Paiva, a Etiopía para establecer relaciones con el Preste Juan y preparar el futuro viaje por mar a la India de Vasco da Gama.
De Santarem viajaron por tierra a Barcelona para embarcarse hacia Nápoles, y de allí continuaron a Rodas, Alejandría y Cairo, viajando a veces en caravanas de camellos. En Adén se separaron. Afonso entró en Etiopía y Perõ se embarcó hacia la India para reconocerla y averiguar todo lo que pudiera sobre el comercio de las especias. Tiempo después, encontrándose de vuelta en Cairo, se enteró de la muerte de Afonso y resolvió volver al Mar Rojo para entrar, con éxito, en La Meca y Medina, disfrazado de árabe, siendo pues el primer celtíbero en lograrlo, mucho antes de que el inglés Richard Burton, o que el español Domingo Badía, se atribuyeran, cada uno por su cuenta, ser el primer europeo en penetrar en ese santuario prohibido a los cristianos (aunque el primer europeo, no musulmán, en visitar La Meca fue el aventurero italiano Ludovico di Varthema, en 1502, que además había viajado a la India antes que Vasco da Gama, pero después del ruso Afanasi Nikitin).
Perõ, tras varios viajes por mar a Sofala y otros puertos del Sureste de África, prosiguió a Etiopía, donde el Emperador le trató muy bien, pero no permitió jamás que abandonara el país; sabía demasiado. Murió en Etiopía en 1526.

 

Monumento a Perõ da Covilha en Portugal

 

PEDRO PÁEZ nació en 1564 en un pueblo madrileño (hoy llamado Olmeda de las Fuentes). A los 18 años ingresó en la Compañía de Jesús, y poco después se embarcó para Goa, en la India, desde donde se le envió a Etiopía para predicar y establecer contacto con el legendario Preste Juan. Sin embargo, no pudo alcanzar el puerto de Masawa y fue hecho prisionero en el Mar Rojo, junto a otro jesuita (Antonio de Montserrat). Ambos fueron vendidos como esclavos a los turcos viviendo en crueles condiciones que Pedro describe así en un libro que escribió: “con cadenas muy gruesas al cuello durmiendo en lugares debajo de la tierra muy oscuros y calientes”. Tras varios años de cautiverio, en los cuales recorrieron a pie el Valle de Hadramaut (primeros europeos en penetrar en esa parte de Yemen), logró embarcarse hacia la Isla de Diu, en India, desde donde zarpó de nuevo hacia Etiopía, consiguiendo esta vez desembarcar en Masawa, disfrazado de armenio. Caminó hasta Fremona, junto a Axum y, gracias a su elocuencia e inteligencia (aprendió varias lenguas locales, tales como el amárico y el geez), convirtió al catolicismo al Emperador y abrió una escuela en Fremona y la iglesia con el palacio de Gorgora.
Murió en Etiopía en 1622, a los 58 años de edad, tras 19 años de permanencia continua en ese país.
Pedro fue el primer europeo que alcanzó las Cataratas Tisissat y las Fuentes del Nilo Azul, unos 150 años antes de que el escocés James Bruce se atribuyera tal descubrimiento (a pesar de que le constaba que Pedro Páez ya había estado allí por un libro escrito por el jesuita portugués Jerónimo Lobo, traducido al inglés).

Averigüé la historia de Pedro Páez en 1993, mientras me hallaba atravesando toda África por tierra, sin tomar un solo avión, desde Melilla a Ciudad del Cabo, y, al subir por África Oriental de vuelta hacia el Mediterráneo y luego al Atlántico, me detuve un mes en Etiopía, donde de inmediato me dirigí a Gorgora rodeando el lago Tana en busca de su tumba, para rendirle respeto. Al regresar a España escribí el libro “Mi Viaje alrededor de África”, publicado en 1994, dedicando a Pedro Páez varias páginas (y también a Fernão Mendes Pinto, a Duarte Lopes y a Perõ da Covilhã), muchos años antes de que un conocido escritor español escribiera un libro de viajes sobre Etiopía en el cual se vanagloria de haber “descubierto” a Pedro (“descubrimiento” que me hace recordar el de James Bruce sobre las Fuentes del Nilo Azul).


                      

                     Pintura representando a Pedro Páez

 

ANTONIO DE MONTSERRAT nació en Vich, provincia de Barcelona, en 1536. Aunque en la literatura en inglés se refieren a él como un "Jesuita Portugués" y escriben su apellido "Montserrate", es indudable que fue español, y sirvió en la Compañía de Jesús portuguesa, como Pedro Páez y Francisco Javier. De todos modos ese detalle no tiene mayor importancia, pues entre 1580 y 1640 España y Portugal formaban un solo país y, a fin de cuentas, Antonio fue celtíbero y todo queda pues en la Península Ibérica. Antonio, desde Goa, fue invitado para tutelar al príncipe Murad, el hijo del Gran Emperador Moghul Akbar. Fruto de sus viajes a lugares insólitos del Himalaya, Tibet, India, Pakistán y Afganistán, es su libro, primero publicado en inglés: “The commentary of Father Montserrate on his journey to the court of Akbar” (que en España se le ha cambiado el título por “Embajador en la Corte del Gran Mogol”), y el primer mapa de la India y el Himalaya (tras el de Ptolomeo), que dibujó sobre lugares hasta entonces no descritos anteriormente.
Compartió con Pedro Páez increíbles aventuras cuando se dirigían desde la isla de Diu (en India) a Etiopía, siendo engañados en Muscat, hecho prisioneros y vendidos a los turcos, debiendo pasar siete años en pozos del desierto del Valle de Hadramaut (fueron los primeros europeos en acceder a ese incógnito territorio y al desierto de Rub’ al Khali). Cuando fueron liberados retornaron a Goa, en la India portuguesa, donde Antonio pronto moriría a consecuencia de los tratos crueles padecidos durante su cautividad.

(En Agosto/Septiembre del año 2006 viajé a la isla de Diu y a los enclaves de Damán, Dadra y Nagar Haveli, que fueron dominios portugueses hasta mediados del siglo XX. Era tiempo de monzones, y debí hacer autostop a los camiones y hasta a las motos por las carreteras inundadas de agua, para que me llevaran a esos lugares tan raros donde apenas van los turistas. En todos ellos busqué antecedentes sobre Pedro Páez y Antonio de Montserrat visitando las iglesias católicas que allí existen, más un centro cultural dirigido por un portugués, pero nadie me supo dar razón de ellos. Y lo mismo me sucedió cuando viajé al Valle de Hadramaut, en el Yemen, con el mismo propósito).

  

Libro que escribió Antonio de Montserrat

 

DOMINGO BONECHEA nació en Getaria en 1713, fue capitán de fragata y descubridor de numerosas islas de la Polinesia Francesa.
El Virrey del Perú, el barcelonés Don Manuel de Amat y Junyent, organizó la defensa del Virreinato ante los ataques de rapiña y matanzas que los piratas ingleses venían perpetrando en las costas de los actuales países de Chile y Perú. Para ello comisionó cuatro expediciones al Pacífico.
La primera tuvo por destino las islas de Juan Fernández y la de Pascua. La segunda y la tercera le serían encomendadas a Bonechea quien, en 1772, emprendió un viaje desde Callao a Otaheite (la actual Tahití) tras descubrir por el camino varias islas de las Tuamotú.
Una vez en Tautira, al Sur de Tahití, estableció relaciones cordiales con los reyes de la isla y regresó al continente americano (Valparaíso) donde escribió un libro sobre su expedición, titulado Relación de la Navegación.
Dos años más tarde Bonechea volvería a Tautira para fundar una misión católica, por lo que llevó con él al soldado/traductor Máximo Rodríguez (que ya lo había acompañado en su primera expedición), más a dos frailes franciscanos (uno de Gerona y otro de Badajoz), además de un grumete gallego, para que se quedaran hasta que la tercera expedición a Tahití (y la cuarta al Pacífico) los llevara de vuelta a América.
Así lo dispuso dejando a estas cuatro personas en la isla, y a continuación Bonechea navegó hacia otras islas del archipiélago de la Sociedad, descubriendo Bora Bora, Huahine, Raiatea, y otras más. Al regresar a Tahití Bonechea enfermó y se murió, siendo enterrado frente a la casa misión de Tautira.

En mi último viaje a Tahití, en el año 2006, pregunté en la Oficina de Información y Turismo de Papeete por la tumba de Bonechea, pero allí nadie me supo dar razón de él; todos los empleados lo ignoraban, al contrario de lo que sucedía con Cook, Bougainville, La Pérouse, or Wallis, cuyos nombres sí les “sonaban”. Insistí afirmando que, además de Bonechea, los navegantes españoles y portugueses, tales como Mendaña, Quirós, Sarmiento de Gamboa y varios más, habían descubierto en los siglos XVI y XVII, unos 200 años antes que esos Cook, Bougainville, La Pérouse y Wallis, la mayoría de las islas de la Polinesia Francesa, y todos sus cinco archipiélagos, es decir, el de las Sociedad, las Marquesas, las Tuamotú, las Australes y las Gambier, donde ellos habían nacido, vivían y, además, se desempeñaban profesionalmente como expertos en la historia de sus islas. Mas los empleados no consideraron trascendentes tales conocimientos históricos de sus islas. Me dirigí entonces a la parte pequeña de Tahití, llamada Tahiti Iti, y me detuve en Tautira, donde pregunté a los locales por la tumba de Bonechea, y uno de ellos me mostró una cruz de madera en una plazoleta, donde había sido enterrado Bonechea antes de que el inglés Capitán Cook, en un viaje que realizó poco después a Tautira, profanara su cadáver y lo lanzara al mar.
Enfrente había una iglesia llamada Nuestra Señora de la Paz, con un letrero en vasco (además de en tahitiano, francés y español, pero no en inglés), del cual copié el siguiente fragmento dedicado a Bonechea:
“Oroipenean
Getaria Jaida (Euskal Herria)
Goian Bego”.

                    

Retrato de Bonechea Andonaegui       Placa que fotografié en Getaria, dedicada a Bonechea, escrita en vasco, castellano y tahitiano



MÁXIMO RODRÍGUEZ nació en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) hacia 1750. De bien joven pasó dos años en España como soldado al servicio de la Marina y luego ascendería a alabardero.
Por haber participado en una campaña a la Isla de Pascua, donde se familiarizó con la lengua de los polinesios, el Virrey Amat lo despachó a Tahití en 1772, en la primera expedición de Bonechea, con el fin de que siguiera aprendiendo la lengua de los nativos. En la segunda expedición a Tahití se quedó en la isla para estudiar la lengua y costumbres de los nativos durante un año, en el transcurso del cual realizó innumerables exploraciones en piragua dando la vuelta a la isla dos veces, e hizo amistad con los reyes locales, quienes le tomaron mucho afecto y le dieron el honroso sobrenombre de Mateema. Además, compuso un diccionario tahitiano - castellano con unas 1200 palabras.
Su diario de viajes constituye un documento muy valioso donde narra los ritos religiosos de los tahitianos antes de adoptar el cristianismo. En él se defiende de unos agravios infundados que el Capitán Cook vertió sobre él.
Un original de ese histórico diario fue remitido al Virrey Amat para que llegara al rey Carlos III (mas parece ser que nunca alcanzó su destino), mientras que de los otros tres que escribió, uno cayó en poder de los soldados franceses de Napoleón y hoy se halla en la Biblioteca Nacional de París, otro fue comprado por un inglés a la viuda de Máximo y hoy lo custodia la Sociedad Geográfica de Londres, y se desconoce el paradero del cuarto.
(¡Yo tengo la fortuna de guardar un ejemplar fotocopiado del Diario de Máximo Rodríguez en casa, que me fue regalado por un amigo en Papeete!).

        

      Mapa de las expediciones de Bonechea                         El Virrey Amat

 

JUAN FRANCISCO BODEGA Y QUADRA nació en Lima en 1743, de padre vizcaíno y madre criolla. Tras estudiar en la Universidad de San Marcos, Lima (la Universidad más antigua de toda América, y al mismo tiempo de las más antiguas del mundo), viajó a España donde ingresó en la Academia Naval de Cádiz.
Exploró varias veces las costas del Noroeste de América, desde California a Alaska, pero es más conocido por haber negociado con los ingleses la denominada “Crisis de Nutka”, en la que España acabó transigiendo ante Inglaterra (como siempre), y los ingleses se establecerían en lo que hoy constituye British Columbia.
Los navegantes españoles, tras los rusos, estuvieron en Alaska, donde realizaron muchos descubrimientos. Las expediciones zarpaban desde México y San Francisco (en California). Pérez y Hezeta viajaron allá en 1774, Bodega y cuadra en 1775, Artega en 1779, y así muchos otros, hasta 1796. La expedición más importante al Norte de la América Pacífica fue la de Malaspina, que nombró y cartografió más de 200 accidentes geográficos en esa zona comprendida entre la actual British Columbia y Alaska. Pero el inglés George Vancouver, que navegó a esas aguas para encontrarse con Bodega y Quadra para solucionar diplomáticamente la “Crisis de Nutka”, acabaría engañándolo. Hoy, de esos más de 200 accidentes geográficos nombrados por los españoles en Alaska y British Columbia, solo quedan unos diez: Revillagigedo Island, Port Angeles, San Juan Islands, Hidalgo Island, Haro Strait, Cordova, Malaspina Glacier.... y un pequeño puñado más. Los demás nombres serían cambiados por Vancouver. Bodega y Quadra, incluso, llegó noblemente a ofrecer a Vancouver renombrar la isla de San Juan (descubierta por los españoles) por “Isla de Quadra y Vancouver”, pero hoy se conoce como Vancouver Island.

                                

A la izquierda busto de Bodega y Quadra en Quadra Park, en la Isla de Vancouver. A la derecha mapa de 1791 perteneciente a la expedición de Malaspina (cuya copia conservo en mi casa), donde se muestran los nombres españoles de los alrededores de la Isla de Vancouver y el Estrecho de George (por George Vancouver, of course) que los españoles ya habían bautizado antes como Estrecho Juan de Fuca a un lado, y Gran Canal de Nuestra Señora del Rosario por el otro.

 

FRANCISCO ANTONIO MOURELLE DE LA RÚA, nacido en 1750 en Corme, provincia de La Coruña, Galicia. Cuando sus padres observaron la llamada del mar de su hijo, intentaron que estudiara en la prestigiosa Real Compañía de Guardiamarinas, en Cádiz, pero al ser pobres no se lo pudieron permitir, y finalmente tuvieron que conformarse ingresándolo en la Academia de Pilotos de la vecina Ferrol.
Mourelle partió a los 22 años a la isla Trinidad (la de Trinidad y Tobago, que era española, y se perdió en 1797 ante Inglaterra), y luego a San Blas, en México, donde conoció a Bodega y Quadra, a cuyo mando zarparía hacia Alaska navegando hasta más allá de la latitud 60 grados Norte, descubriendo varias islas habitadas por los esquimales del Estrecho de Bering. Intentaron explorar el Éste de Siberia, pero las adversas condiciones meteorológicas les impedirían desembarcar en Rusia. En consecuencia prosiguieron hacia Manila.
En 1780, estando en Manila, a Pineda se le encomendó arribar a México a bordo del Princesa para llevar documentos muy importantes al virrey de México, y durante su derrota avistó nuevas islas inexploradas de la Micronesia y las Salomón, que bautizó con nombres españoles, y luego descubrió el archipiélago de Vavau, en Tonga, donde se quedó un mes entero relacionándose con los nativos y organizando coloridas fiestas a diario. El jefe de una tribu le ofreció a su hija en matrimonio, pero Mourelle declinó la oferta con gentileza. Murió en 1820 con el grado de Jefe de Escuadra.

 Sello de 1 peseta de Mourelle

 

ANTONIO DE PINEDA nació en Guatemala en 1753. En la expedición de Malaspina fue comisionado “Encargado de los ramos de la Historia Natural”. Le acompañaron en ese extraordinario viaje (duraría 62 meses) los botánicos Luis Neé (francés, pero nacionalizado español, y gran admirador del botánico gaditano Celestino Mutis, el de los antiguos billetes de 2000 pesetas), más el checo (bohemio) Tadeo Haenkel. Entre los tres compilaron unas 14.000 especies nuevas de plantas, efectuaron más de 500 estudios anatómicos de Zoología, diseñaron 900 ilustraciones de los lugares exóticos que fueron descubriendo en Oceanía y Alaska....
No era esa la primera expedición científica española (en colaboración con Francia, España aportó dos célebres marinos: el alicantino Jorge Juan de Santacilia y el sevillano Antonio de Ulloa, a la expedición de Charles Marie de La Condamine, ese brillante viajero francés descubridor de los efectos beneficiosos del árbol de la quinina) pero sí la más larga e importante, a pesar del final infeliz e inmerecido del gran Alejandro Malaspina.
Pineda moriría en Manila, a los 3 meses de su llegada a las Filipinas, con solo 39 años de edad. A Malaspina le apenó tanto su pérdida que en la última página de su diario de a bordo elogia a Pineda, tanto por su labor como por su persona.

           

Antonio de Pineda                          El Almirante Alejandro Malaspina

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Otros viajeros celtíberos ignorados sobre los que, tan pronto los viajes me dejen tiempo libre, escribiré una reseña, son:

- ANTONIO d’ABREU y FRANCISCO SERRANO. Marineros portugueses que divisaron en 1511/12 la isla de Nueva Guinea, al naufragar en su viaje desde Malaca. En 1526 otro portugués (de origen sefardí), JORGE DE MENESES, que era Gobernador de las Molukkas, desembarcaría en ella, llamándola Ilha dos Papuas. En 1527/8 ÁLVARO DE SAAVEDRA (que era pariente de Hernán Cortés) vivió un mes en la Isla de Manus, y desembarcó en Nueva Guinea, a la que llamó Isla de Oro. Finalmente, el marino alavés IÑIGO ORTIZ DE RETES, en 1545, arribaría también a ella bautizándola Nueva Guinea por encontrar a sus habitantes tan negros como los de Guinea en África Occidental.
Torres (el del estrecho), en 1606, sería el primer occidental (y se puede afirmar, sin ningún género de dudas, la primera persona en el mundo) en circunnavegar Nueva Guinea, la segunda isla más grande del planeta, tras Groenlandia.

- JUAN GAETANO. Navegante al mando de Ruy López de Villalobos, descubridor de las Islas Hawaii, y autor del libro “Viaje a las Islas del Poniente”...

- PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS nació en Évora, Portugal, en 1560. Acompañó a Mendaña en su segundo viaje a las Islas Salomón, y en 1606 descubriría Vanuatu...

- LUIS VÁEZ DE TORRES, nacido en Portugal. Acompañó a Quirós en su expedición a Terra Australes, y al llegar a Espíritu Santo (Vanuatu) se separó para navegar más hacia el sur, descubriendo el estrecho que hoy lleva su nombre, en Australia, continente que avistó y, lo más probable, también visitó...

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En febrero del 2008 viajé a Getaria para rendir homenaje a la primera persona que circunnavegó el globo